Golpes de cabeza, ¿debemos preocuparnos?

En ciertos deportes es inevitable darse golpes en la cabeza, sobre todo, en el fútbol. La cabeza es muy compleja, formada no sólo por los huesos que forman el cráneo, si no por tronco del encéfalo, líquido cefalorraquídeo… y el cerebro, encargado de todas las funciones de nuestro cuerpo: función motora, sensibilidad, habla, comportamiento, visión..

Los pequeños golpes en la cabeza someten al cerebro a una vibración (resonancia) pudiendo afectarle a medio/largo plazo, como si golpeáramos con un tenedor una copa de cristal. La preocupación de los golpes repetidos en la cabeza es precisamente por el contenido del cráneo, los golpes primero son recibidos por los huesos del cráneo pero es dentro, el contenido suspendido en líquido, donde se produce el movimiento final del golpe, haciendo que todas las estructuras sufran.

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Investigadores del Albert Einstein College of Medicine y el Montefiore Health System (Nueva York) han observado que golpear de manera recurrente el balón con la cabeza puede provocar en los futbolistas síntomas muy similares a la conmoción cerebral. En el caso de la conmoción suele deberse a golpes en la cabeza causados de una manera accidental.

Son los futbolistas aficionados los que tienen más posibilidad de recibir un traumatismo creaneo-encefálico (golpe en la cabeza) por golpearse con otro compañero. 

En el estudio que realizaron, ‘Einstein Soccer Study’ participaron 222 jugadores aficionados de Nueva York (siendo el 80% hombres). Les preguntaron por los partidos disputados en los últimos 15 días y la frecuencia con la que solían rematar con la cabeza, las veces que se habían golpeado en ella y si habían experimentado en algún momento: dolor, mareos o pérdida del conocimiento. 

Los resultados dieron lugar a que un 20% de los participantes informaron haber padecido síntomas moderados o graves típicos de una conmoción; los que habían informado de un número mayor de golpes accidentales tenían hasta 6 veces más probabilidades de sufrir los síntomas en comparación con los que se habían golpeado menos.

Finalmente concluyeron que aquellos que más golpes daban a la pelota con la cabeza tenían más probabilidades de padecer los síntomas independientemente de los golpes fortuitos recibidos.

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